lunes, 12 de enero de 2009

¿Eres pobre?

Pobre, pobres.
¿Quién o quienes son pobres?
Los que carecen de medios para tener una alimentación digna, una vivienda segura y la atención médica necesaria para cuidar su salud.
Los que no tienen esperanza o la tienen muy corta, y se abandonan.
Los que entregan la responsabilidad de su vida a otros, esperando que los demás, seres reales o misticos, sean los encargados de suplir sus necesidades.
Los que carecen de palabras, de conceptos, de ideas.
Los que ignoran, o no aceptan, que su mayor privilegio es la capacidad de pensar.

viernes, 2 de enero de 2009

Otra vez

Como los otros años, esta navidad también se esmeró en comprar las mas apetitosas frutas y las utilizó para decorar la mesa lo mejor que pudo.

Como los otros años, se preocupó por comprar lucecitas de colores para renovar las anteriores y no descuidó detalle en el arreglo del arbolito navideño y en el pequeño nacimiento que construyo al pie.

Como los otros años, ordenó con suficiente anticipación, la pierna de cerdo, le agregó lo ingredientes necesarios y la dejó en salmuera; siguiendo al pie de la letra la receta del libro de cocina que compró para la ocasión. Horneo galletas, preparó el ponche, consiguió el pan especial que a él siempre le ha gustado.

Como los otros años, llego la medianoche y nadie llamó a su puerta.

Como los otros años, guardó todo en la refrigeradora, cuidadosamente para que se conservaran los sabores y los olores una semana mas.

Este año, llegadas las doce de la noche del ultimo día del año, nuevamente salió a la puerta de su casa temiendo no haber escuchado el toquido del hijo que esperaba.

Al no encotrar a nadie cerró violentamente la puerta y solo dijo: mierda!.

viernes, 26 de diciembre de 2008

La cabeza baja

Estos últimos días del año presentan unos paisajes hermosos en el cielo de la ciudad. Las montañas que nos rodean, el cielo, las nubes y el sol se presentan en hermosas combinaciones al atardecer que no son tan comunes el resto del año.
Para verlas y disfrutarlas existe un requisito indispensable, debemos levantar la vista.
Elevar la mirada de nuestras preocupaciones diarias. Que la crisis, que los gastos de fin de año, que los problemas políticos. Elevar la vista de las malas noticias que llenan las hojas de los periódicos.
Lo mejor sería mantener así la mirada, elevada, orientada al largo plazo. Soñando en grande y no apartar nuestros ojos de esa visión. Comprometernos en la realización de nuestras ambiciones, dando la cara al día a día, si desviar nuestra atención de nuestro anhelo.
Mantener nuestra vista clavada en el suelo, con el pretexto de ser realistas, no nos conduce a ningún puerto seguro. Al no saber a donde vamos nos mantendremos en la vida, dando vueltas en el mismo lugar, lamentando, año tras año, las mismas derrotas.
Al elevar la vista y mantenerla así, clavada en el lejano horizonte, le podemos imprimir un sentido de propósito a nuestra vida que, llegado el momento de partir, nos dará valor para emprender el viaje final.

sábado, 20 de diciembre de 2008

¿Cuánto dura la felicidad?

Dura…

… lo que un político permanece en el puesto.
… lo que la verdad tarda en alcanzar la mentira.
… lo que la ilusión permanece sin ser desenmascarada por la realidad.
… lo que el sueldo tarda en desaparecer.
… lo que me tardo en leer un buen libro.
… lo que los labios de mis hijos permanecen en mi mejilla.

Ciertamente, no dura mucho.

Obligado es…

…disfrutarla.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Cansado

Cansado.

Esa mañana se levantó así.

Cansado.

Cansado, después de una larga noche dándole vueltas, junto a la almohada, a las preocupaciones de su vida.

Hastiado de encontrar, por las noches al regresar del trabajo, la comida en la mesa, fría.

Desconsolado al ver que mantenía a unos hijos que engendró, pero que crecían ajenos.

Fastidiado por el eterno espionaje en la billetera, las bolsas, el carro y por la restricción cada vez mas estrecha de los limites de su intimidad.

Arrepentido de haberse embarcado, demasiado pronto en la vida, en una aventura que debía durar hasta el final de su existencia.

Amargado por el ingrato sabor que le dejaba la insípida intimidad con una esposa que se entregaba a él con el obvio propósito de solo cumplir su obligación de mujer.

Disgustado por vagar en su casa, como fantasma indeseado, durante los fines de semana y en las fiestas familiares.

Humillado por verse obligado a charlar con sillas vacías.

Disgustado ante la reiterada costumbre de ver sus opiniones invalidadas por otras caprichosas.

Harto, de todo y de todos, dio una última mirada al hogar que mantenía y se fue.