martes, 5 de enero de 2010

Catedrales

Recién inicié la lectura de "Los Pilares De La Tierra" y la lectura de la introducción me cautivó. Al revisar el indice descubrí un interesante apéndice que habla sobre Las Catedrales y allí encontré una foto de la catedral de Durham que me remontó a mi niñez y juventud.
Resulta que el colegio donde estudié la primaria y los básicos es dirigido por sacerdotes salesianos y semanalmente asistíamos a misa. Aunque la mayor parte de servicios religiosos los realizábamos en la capilla del colegio, en ocasiones especiales celebrábamos la misa en la Iglesia San Nicolás que se encuentra muy cerca del centro de estudios.
La arquitectura del templo es sobrecogedora, magnifica. Un monumento digno para el ingenio humano y para su poder constructivo.
Mi maestro asegura que la arquitectura debe ser capaz de transmitir emociones y subyugar sin palabras. Esta iglesia lo logra, con creces.Los detalles de esta edificación ya no se encuentran en la arquitectura actual, será por cuestiones de estilo de la época o por la misma aceleración en el ritmo de la vida, lo cierto es que lo normal, actualmente, es un descuido generalizado por el detalle.
Sus seductoras líneas góticas provocaron prometerme a mi mismo que todo evento digno de celebrar en mi vida, lo haría allí. La promesa no la cumplí, pero mi admiración sigue intacta. Seguramente, al completar mi lectura, habré encontrado mas razones para seguir disfrutando de la belleza de esta construcción.
A continuación unas imágenes que hablan por si solas sobre esta edificación, que es una muestra de la tendencia en una época de exaltación del espíritu humano.



jueves, 31 de diciembre de 2009

Aperto libro

Además, es aquí, entre nosotros y no en otro lugar, donde han de considerarse las fuerzas y los actos del alma; todas sus demás perfecciones le son vanas e inútiles: es por su estado presente por lo que debe ser pagada y recompensada para toda la inmortalidad, y sólo es responsable de la vida del hombre. Sería injusto haberle sustraído sus medios y sus poderes; haberla desarmado, para juzgarla y condenarla infinita y eternamente, por el tiempo de su cautiverio y su prisión, de su debilidad y enfermedad, por el tiempo en el que habría estado coaccionada y forzada; y detenerse a considerar tiempo tan corto que es quizá de una o dos horas, o a lo peor de un siglo, que en proporción con la eternidad no es más que un instante, para, por ese momento de intervalo, ordenar y establecer definitivamente todo su ser. Sería inicua desproporción obtener una eterna recompensa como consecuencia de una vida tan corta.

Leído en:
Apología de Raimundo Sabunde.
Ensayos completos
Michel de Montaigne

viernes, 27 de noviembre de 2009

Tradición 2

Señor
A quién interese
Ciudad

Informole tradicional telegrama descontinuado, tecnologias avanzadas desplazaronlo

Yo

jueves, 26 de noviembre de 2009

Tradición

Lentamente, con una parsimonia casi ofensiva, el profesor procedía a dictar su clase. Con sumo cuidado elegía las palabras que utilizaba y el orden que presentaba en su discurso casi no permitía dudas al concluirlo; aún así, le permitía la libertad de preguntar a cada uno de sus inquietos pupilos, sin presionarlos ni avergonzarlos por la nimiedad de sus preguntas. Repetía con devoción los conceptos que previamente había presentado, intentando abundar en explicaciones con nuevos argumentos que reflexionaba detenidamente. A pesar de la intencional lentitud era muy difícil aburrirse en su clase, la estructura lógica de su discurso permitía a todos comprender las más complejas ideas con extrema facilidad, atrapando la atención de principio a fin.

Claro, nunca faltaba el inquieto jovencito que suspiraba por la supuesta libertad que le esperaba al finalizar el período de clase y dejaba volar su descontrolada imaginación entre mil y un escenarios carentes de sentido y continuidad. “Iré al boliche porque allí quedé de juntarme con Marina, aunque no sé que voy a hacer para invitarla; ese mi papá cómo pierde el empleo, o será la crisis, la maestra de música nos dijo que a todos les está afectando, aunque no creo ¿pasarán penas los Jonas Brothers? Ojalá no se haya detenido la descarga que dejé haciendo en la compu hoy por la mañana, no sé por qué le hice caso al Chino, ese programa que me instaló no funciona bien, mejor voy a ir a buscarlo mañana temprano para que me preste el disco para volver a instalarlo, ¿será que va a estar?, humm, no creo; desde que su mamá se separó de su papá, aquel se da unas grandes desaparecidas, pero no como la que se dio mi papá anoche, ese si se mandó, mi mamá tiene razón de estar enojada, aunque no le debiera haber dicho lo que le dijo, eso sólo lo había visto en la novela, ¿cómo irá esa pendejada? Anoche estaba tan cansado, ese juego de fútbol estuvo calidad aunque arruine... ¿qué? ya terminó la clase...”

...y esa es la tarea asignada para la próxima sesión jovenes, gracias por acompañarme esta mañana, los espero la otra semana – concluyó el profesor.

Habiendo agotado el tema del día, se tomó el tiempo necesario para disfrutar la alegría de sus estudiantes mientras se retiraban de clase. Quizá recordaba tiempos mejores, quizá sólo se daba el tiempo de disfrutar el momento, lo cierto es que siguió observando hasta que se retiró el último alumno. Tomó la almohadilla, borró por completo el pizarrón, recogió su pertenencias y las acomodó en el pequeño y viejo, pero muy cuidado, bolso de mano.

Abandonó el salón sin prisa, con la resolución de quien sabe a donde se dirige, pero sin ningún asomo de prisa.

Ya en el salón de profesores, preparó una taza de café. Fiel a su costumbre observó maravillado las vueltas de la taza con agua dentro del horno microondas, reflexionando con detenimiento acerca de la grandeza de la mente humana y sus maravillosos logros. Agregó café soluble y azúcar al agua. Del bolso extrajo un pequeño libro con la pasta brillante de nueva. Se acercó a la mesa, se sentó y abrió el libro en la primera página.

Justo cuando se disponía a tomar el primer sorbo de café, lo interrumpió el violento ingreso de la secretaria del colegio. Golpeó la puerta al cerrarla y, al advertir su presencia, empezó a vomitar toda la frustración contenida por no disponer de un interlocutor dispuesto a escuchar sin interrumpir. El profesor era su víctima favorita, siempre dispuesto, siempre con tiempo disponible.

-No es posible, no sé a donde vamos a llegar -inició su perorata- la gente ya no es la misma de antes, recuerdo que a mis padres, que Dios los tenga en Santa Gloria, se tomaban el tiempo de comer juntos por lo menos una vez al día, una charla de sobremesa, cafecito. Recuerdo que me tomaban de la mano los fines de semana y salíamos a pasear juntos, sin prisas. Mi madre le mostraba a mi papá todas las cosas que le gustaban y muchas veces él la complacía comprándoselas. Era seguro terminar en algún restaurante donde el servicio no era muy rápido, pero la sazón muy buena. Comíamos lentamente, charlaban ampliamente. Hoy ya no es así, un pequeño bocado, de pie, es todo mi almuerzo. Mis hijos y mi marido tienen, cada quien por su lado, sus propias actividades y rara vez coincidimos en la casa. Es triste aceptarlo, pero velocidad de la vida moderna, hasta en lo mas intimo de la familia, está matando las tradiciones”. De improviso, dio media vuelta y se retiró sin despedirse.

El profesor permaneció sentado y la escuchó con plena atención; sin embargo, la corta interrupción no le hizo olvidar su propósito.

Lentamente, con una parsimonia casi ofensiva, abrió su libro y disfrutó largamente cada palabra escrita.

martes, 3 de noviembre de 2009

¿Y tu, por qué escribes?

Será que escribes canciones
para que otros las canten
y las bailen con alegría...

O le pintas la carita de colores
a tus palabras para que, cual payasos,
provoquen la risa.

Podría ser que escribas solo para tí
y escondas bajo la cama tus versos.

Puede ser que invites a soñar
con tu prosa
o que inventes historias
para devorar las horas
llenas de soledad.

¿Escribes fábulas que pretenden enseñar moralejas
o simplemente desahogar tus penas?

Quizá te atrevas a desnudar tu vida
y nos la cuentes o
elabores una máscara para ocultar
tus dolores y vergüenzas

Es posible que lo hagas para
contar tus descubrimientos del
mundo y
simplemente lo quieres
compartir.

Yo no se aún por qué escribo,
ni se si lo hago bien
o mal.

Pero seguro que cuando lo sepa,
lo podrás leer.