martes, 2 de febrero de 2010

Aperto libro




Rayuela
Capítulo 7


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

Escuchalo en la voz de Cortázar.

jueves, 28 de enero de 2010

Aperto libro

Se reprendió a si mismo: "¡Por el amor de Dios, basta!¡Deja de pensar!¡Abre los ojos!¡Mira a tu alrededor!¡Deja entrar al mundo!...

...¡Si, eso es, mira a tu alrededor imbécil! -se dijo Breuer-. La gente viene a Venecia de todos los rincones del mundo; gente que se resiste a morir sin conocer toda esta belleza. ¿Cuánto me habré perdido en la vida sólo por dejar de mirar? ¿O por mirar sin ver?"...

Leido en: El día que Nietzsche lloró
Autor: Irvin D. Yalom

martes, 26 de enero de 2010

Racismo

La juventud de Lady Ixquiac transcurrió agobiada por la confusión provocada por una serie de contradicciones en las tradiciones culturales de la sociedad donde creció que, aún de adulta, le ha costado comprender.

Nació en las afueras de la ciudad de Quetzaltenango en la época en que las empedradas calles no parecían tan estrechas, ni su tejido se había extendido hasta la campiña cercana al centro de la ciudad. Hija de un indígena comerciante de zapatos, que distribuía su producto en toda la costa sur del país, y de una costeña que su padre conoció durante uno de sus viajes de negocios, disfrutó desde pequeña de una vida muy cómoda, gracias a la bonanza en los negocios de sus progenitores, pues la madre poseía dos zapaterías que había fundado cuando se mudó de residencia.

Aún cuando sus padres carecían de educación formal, siempre se esmeraron en la educación de Lady, pagándole los mejores y más prestigiosos colegios de la localidad; con el propósito de integrarla a una sociedad marcada por una clara división racial.

De pequeña creció en la misma casa de sus abuelos, a donde se mudó su madre, recién casada con su padre. Le pareció muy natural tener una familia muy grande hasta que concluyó la primaria y se dio cuenta que en la casa de sus amigos ladinos solo vivían los padres y hermanos de ellos.
Siendo muy pequeña lloró amargamente el día que sus compañeras organizaron una fiesta y la ignoraron. Es mas, tuvieron el cuidado de evitar que se enterara; pero no pudieron evitar los comentarios posteriores al evento.

Le intrigaba especialmente que durante las celebraciones de Semana Santa en unas procesiones solo participaran mujeres de vestido y en otra solo mujeres vistiendo el traje típico de la región.

Pero lo más difícil de sobrellevar eran las burlas de sus compañeros por su apellido. Jugaban con los sonidos hasta encontrar combinaciones que la hicieran pasar un mal rato.

Dividida entre dos mundos, en ninguno de ellos encajaba. Ni en el de su padre, ni en el de sus compañeros del colegio. El consuelo de unos pocos amigos impidió la completa desdicha.

Lady sufrió porque en su interior entendía que a las personas no se les juzga por el color de su piel o por la combinación de letras de sus apellidos sino por sus logros individuales.

jueves, 21 de enero de 2010

Mariposa

Sentada en la esquina de siempre.
Cansada de sonreir sin sentir.
Fatigada,
quizá por la carga de los años,
quizá por la vergüenza de su oficio.

El cinismo le corroe el alma
porque siempre existirá alguien
a quién no puede engañar;
a si misma.
Sin embargo,
debe ser asi,
cinica para proteger
lo poco bueno que
queda dentro de ella
para sobrevivir.

Dura vida,
arduo trabajo
ganarse uno lenes
vendiendo lo único que tiene,
que ya casi nadie compra.

Y
sonríe.
Con excesos de rímel
negociando momentos de
apresurado placer.

martes, 19 de enero de 2010

Aperto libro

Amor, si fueras aire y respirarte

Y si fueras, Amor, vino y beberte.
Si fueras sombra para no perderte.
O si fueras camino y caminarte.
Amor, fueras cantar para cantarte.
Fueras hilo en mis manos y tejerte.
Que mi alimento fueras y comerte.
Si fueras tierra, Amor, para labrarte.
Si fueras para más que para amarte:
Amor, Amor, Amor, si fueras muerte.

Leído en Episodios del vagón de carga
De: Manuel José Arce