
En mi larga carrera de estudiante, una carrera que aún sigue y no le veo fin, he tenido la oportunidad de compartir el aula con tres clases de maestros: los maestritos, los maestros y los maestrísimos.
El maestrito es aquel minúsculo ente que se enfrenta a un grupo de alumnos sin saber cual es su propósito. Es casi imposible de olvidar por malo y, quizá lo peor de él, trata de compensar la ausencia de transmisión de conocimiento atendiendo detalles de forma. Es aquel que se dedica a verificar asistencia la primera hora de clase, la segunda hora revisa el uniforme y limpieza. No permite la participación, mucho menos los cuestionamientos. Lo mas incomodo para él es que no puede ocultar su ignorancia. Lo mas triste para el alumno es que debido al autoritarismo malintencionado del maestrito, solo acumula frustración y rabia.
El maestro es simplemente un promedio, ni malo, ni bueno. Simplemente inodoro, indoloro y transparente. No aporta, pero tampoco fastidia. Complaciente, quizá; trascendente, jamás. Tal vez sea menos ignorante que el maestrito pero no por mucho, pues lo mas que sabe es un guión de memoria. Me atrevo a asegurar que es a quién mas temo, porque su visión promedio de la vida no motiva, pero tampoco incomoda. Es un caebien sin mayor importancia.
Sólo me resta mencionar al último, el maestrísimo. Este especimen no puede ocultar su vocación y está consiente que una vela no pierde nada de su fulgor por compartir su luz con otras mil velas. Puede ser que no sea tan escazo como parece, pero permanece relegado al anonimato por un sistema diseñado para castigar el error y no para premiar y estimular el mérito. Fomenta el debate, trata constantemente de validar sus ideas. Reconoce sus errores rápidamente, sin falsas excusas. Le da renombre a su cátedra, como Aristóteles le dio relumbre a la propia. Es sabio ya que en todo momento busca la conexión del conocimiento que transmite con la realidad.Es generoso, irreverente y desafiante. He tenido la enorme dicha de estar en contacto con varios maestrísimos que han marcado y siguen marcando mi vida, algunos solamente mediante sus textos.
El maestrito da lástima, el maestro olvidarlo no cuesta y el maestrísimo inspira.
La zoología de los alumnos es mucho mas extensa de explicar y es material para otro post.
Soy, en gran medida, producto de la influencia de los tres tipos de maestros. Y tu?