martes, 15 de febrero de 2011

Llorones


Cada vez que he celebrado el nacimiento de un hijo, lo he celebrado llorando. Llorando largamente de alegría. Que rico. De recordarme me dan ganas de repetirlo.
Cuando he tenido un amargo disgusto, también he llorado. Me ha servido de desahogo, muchas veces ha calmado la sensación de impotencia por no poder cambiar las cosas.
Un dolor, un susto. Lloro y después olvido. No son lágrimas de cobarde, son lágrimas que buscan un alivio, porque necesito seguir adelante y ese peso me impide avanzar.
No entiendo por qué la civilización machista condena las lagrimas varoniles.
Son naturales y la mayor parte ellas son muy sinceras.
Se que no debo generalizar, pero cuando veo llorar a una mujer desconfío porque no se que le pasa.
No se si su llanto es real o no lo es.
Pero las lágrimas de un hombre, no las lágrimas de un mequetrefe, me conmueven. Tal ves porque son menos frecuentes que las de las mujeres, tal vez porque cuando un hombre llora lo hace a pesar de la sociedad que lo condena.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Aperto libro


Historia del marqués de Lantenac en El noventa y tres. La nave de los vandeanos navega en medio de la tempestad frente a las costas bretonas, de repente un cañón se suelta del palanquín y mientras la nave escora y cabecea inicia una loca carrera de un costado a otro y, ya que es una bestia enorme, amenaza con cargarse babor y estribor. Un artillero (ay, el mismo por cuya incuria el cañón no estaba debidamente amarrado), con coraje sin igual, en la mano una cadena, se arroja casi debajo de la bestia, que está por aplastarle, y la detiene, la amarra, vuelve a meterla en su pesebre, y salva la nave, a la tripulación, a la misión. Con sublime liturgia, el terrible Lantenac hace formar a los hombres en cubierta, alaba al valiente, se quita del cuello una importante condecoración, se la impone, le abraza, mientras la tripulación lanza al cielo sus hurras.

Después Lantenac, adamantino, recuerda que él, el condecorado, es el responsable del accidente, y ordena que lo fusilen.

¡Esplendido Lantenac, virtuoso, justo e incorruptible!


El pendulo de Foucault

Umberto Eco

martes, 8 de febrero de 2011

Maistro!!!


En mi larga carrera de estudiante, una carrera que aún sigue y no le veo fin, he tenido la oportunidad de compartir el aula con tres clases de maestros: los maestritos, los maestros y los maestrísimos.
El maestrito es aquel minúsculo ente que se enfrenta a un grupo de alumnos sin saber cual es su propósito. Es casi imposible de olvidar por malo y, quizá lo peor de él, trata de compensar la ausencia de transmisión de conocimiento atendiendo detalles de forma. Es aquel que se dedica a verificar asistencia la primera hora de clase, la segunda hora revisa el uniforme y limpieza. No permite la participación, mucho menos los cuestionamientos. Lo mas incomodo para él es que no puede ocultar su ignorancia. Lo mas triste para el alumno es que debido al autoritarismo malintencionado del maestrito, solo acumula frustración y rabia.

El maestro es simplemente un promedio, ni malo, ni bueno. Simplemente inodoro, indoloro y transparente. No aporta, pero tampoco fastidia. Complaciente, quizá; trascendente, jamás. Tal vez sea menos ignorante que el maestrito pero no por mucho, pues lo mas que sabe es un guión de memoria. Me atrevo a asegurar que es a quién mas temo, porque su visión promedio de la vida no motiva, pero tampoco incomoda. Es un caebien sin mayor importancia.

Sólo me resta mencionar al último, el maestrísimo. Este especimen no puede ocultar su vocación y está consiente que una vela no pierde nada de su fulgor por compartir su luz con otras mil velas. Puede ser que no sea tan escazo como parece, pero permanece relegado al anonimato por un sistema diseñado para castigar el error y no para premiar y estimular el mérito. Fomenta el debate, trata constantemente de validar sus ideas. Reconoce sus errores rápidamente, sin falsas excusas. Le da renombre a su cátedra, como Aristóteles le dio relumbre a la propia. Es sabio ya que en todo momento busca la conexión del conocimiento que transmite con la realidad.Es generoso, irreverente y desafiante. He tenido la enorme dicha de estar en contacto con varios maestrísimos que han marcado y siguen marcando mi vida, algunos solamente mediante sus textos.

El maestrito da lástima, el maestro olvidarlo no cuesta y el maestrísimo inspira.

La zoología de los alumnos es mucho mas extensa de explicar y es material para otro post.

Soy, en gran medida, producto de la influencia de los tres tipos de maestros. Y tu?

lunes, 24 de enero de 2011

Hojas en blanco


Se agotó la palabra.
Lo inevitable sucedió.
La pluma se secó, el tintero se quedó lleno.
Mucho que decir, pero un infranqueable dique calla mi voz.
Las ideas se acumulan, la necesidad de expresarlas ejerce una presión insoportable.

Ya no se mas quien soy, ni que pienso, ni a donde voy.
Necesito liberarme de esta tortura de ver vacías las hojas de mi bitácora.

Ojalá no sea tarde y mis ideas se hayan evaporado con el paso del tiempo
o quizás se contaminaron por la influencia de los escépticos que me acompañan en este viaje llamado vida.

domingo, 23 de enero de 2011

Lectores que cambian mi mundo


Tengo el gusto de conocer a Gloria Alvarez, la conocí en un ambiente puramente académico, durante las discusiones vespertinas sobre La Etica Nicomaquea de Aristóteles, y me impresionó gratamente por su belleza física pero me impactó más observar su agilidad mental, la cual evidentemente es producto de años de entrenamiento y dedicación. A la par de ella tengo el gusto de compartir sesudas conversaciones con Sussette, Guillermo, Barrueto, Edgar, Ades y algunos otros jovenes universitarios que me han sorprendido por su claridad intelectual, no puedo mas que manifestar mi admiración por cada uno de ellos.

Gracias a la Web 2.0 disfruto del privilegio de estar en contacto con muchas “patojas chispudas” (tal como se califica una de ellas en su bio) y muchos intelectuales guatemaltecos que aprovechan las redes sociales para manifestar sus inquietudes, pero principalmente para dar rienda suelta a su talento y mostrarlo al mundo. Iveen, Omar, Giopack, Jean, Ivan, Fernanda, JoseKont, Maia son unos pocos nombres que aparecen al azar de una larga lista. Se que cometo una gran injusticia al dejar fuera a muchos otros que debiera mencionar, sirvanse disculparme, las razones son obvias.

Estas vivencias me hacen creer en esa otra Guatemala que no ocupa las portadas de los diarios y revistas. Gracias a ello tengo la convicción de que en este país existe gente extraordinaria, y que los medios tradicionales de comunicación no mencionan, porque simplemente son noticia que no vende, pero que si se echa al hombro a esta nación para sacarla adelante.

Muchos de ellos leen, leen bien, leen bastante y son gente de acción que está navegando contra corriente, pues a pesar de la violencia y los politicos con su asquerosa corrupción sigue aqui, de pie.

Gracias mis queridos amigos porque ustedes me hacen tener la esperanza de que el país que heredaran mis hijos no será tan pura mierda…