viernes, 27 de noviembre de 2009

Tradición 2

Señor
A quién interese
Ciudad

Informole tradicional telegrama descontinuado, tecnologias avanzadas desplazaronlo

Yo

jueves, 26 de noviembre de 2009

Tradición

Lentamente, con una parsimonia casi ofensiva, el profesor procedía a dictar su clase. Con sumo cuidado elegía las palabras que utilizaba y el orden que presentaba en su discurso casi no permitía dudas al concluirlo; aún así, le permitía la libertad de preguntar a cada uno de sus inquietos pupilos, sin presionarlos ni avergonzarlos por la nimiedad de sus preguntas. Repetía con devoción los conceptos que previamente había presentado, intentando abundar en explicaciones con nuevos argumentos que reflexionaba detenidamente. A pesar de la intencional lentitud era muy difícil aburrirse en su clase, la estructura lógica de su discurso permitía a todos comprender las más complejas ideas con extrema facilidad, atrapando la atención de principio a fin.

Claro, nunca faltaba el inquieto jovencito que suspiraba por la supuesta libertad que le esperaba al finalizar el período de clase y dejaba volar su descontrolada imaginación entre mil y un escenarios carentes de sentido y continuidad. “Iré al boliche porque allí quedé de juntarme con Marina, aunque no sé que voy a hacer para invitarla; ese mi papá cómo pierde el empleo, o será la crisis, la maestra de música nos dijo que a todos les está afectando, aunque no creo ¿pasarán penas los Jonas Brothers? Ojalá no se haya detenido la descarga que dejé haciendo en la compu hoy por la mañana, no sé por qué le hice caso al Chino, ese programa que me instaló no funciona bien, mejor voy a ir a buscarlo mañana temprano para que me preste el disco para volver a instalarlo, ¿será que va a estar?, humm, no creo; desde que su mamá se separó de su papá, aquel se da unas grandes desaparecidas, pero no como la que se dio mi papá anoche, ese si se mandó, mi mamá tiene razón de estar enojada, aunque no le debiera haber dicho lo que le dijo, eso sólo lo había visto en la novela, ¿cómo irá esa pendejada? Anoche estaba tan cansado, ese juego de fútbol estuvo calidad aunque arruine... ¿qué? ya terminó la clase...”

...y esa es la tarea asignada para la próxima sesión jovenes, gracias por acompañarme esta mañana, los espero la otra semana – concluyó el profesor.

Habiendo agotado el tema del día, se tomó el tiempo necesario para disfrutar la alegría de sus estudiantes mientras se retiraban de clase. Quizá recordaba tiempos mejores, quizá sólo se daba el tiempo de disfrutar el momento, lo cierto es que siguió observando hasta que se retiró el último alumno. Tomó la almohadilla, borró por completo el pizarrón, recogió su pertenencias y las acomodó en el pequeño y viejo, pero muy cuidado, bolso de mano.

Abandonó el salón sin prisa, con la resolución de quien sabe a donde se dirige, pero sin ningún asomo de prisa.

Ya en el salón de profesores, preparó una taza de café. Fiel a su costumbre observó maravillado las vueltas de la taza con agua dentro del horno microondas, reflexionando con detenimiento acerca de la grandeza de la mente humana y sus maravillosos logros. Agregó café soluble y azúcar al agua. Del bolso extrajo un pequeño libro con la pasta brillante de nueva. Se acercó a la mesa, se sentó y abrió el libro en la primera página.

Justo cuando se disponía a tomar el primer sorbo de café, lo interrumpió el violento ingreso de la secretaria del colegio. Golpeó la puerta al cerrarla y, al advertir su presencia, empezó a vomitar toda la frustración contenida por no disponer de un interlocutor dispuesto a escuchar sin interrumpir. El profesor era su víctima favorita, siempre dispuesto, siempre con tiempo disponible.

-No es posible, no sé a donde vamos a llegar -inició su perorata- la gente ya no es la misma de antes, recuerdo que a mis padres, que Dios los tenga en Santa Gloria, se tomaban el tiempo de comer juntos por lo menos una vez al día, una charla de sobremesa, cafecito. Recuerdo que me tomaban de la mano los fines de semana y salíamos a pasear juntos, sin prisas. Mi madre le mostraba a mi papá todas las cosas que le gustaban y muchas veces él la complacía comprándoselas. Era seguro terminar en algún restaurante donde el servicio no era muy rápido, pero la sazón muy buena. Comíamos lentamente, charlaban ampliamente. Hoy ya no es así, un pequeño bocado, de pie, es todo mi almuerzo. Mis hijos y mi marido tienen, cada quien por su lado, sus propias actividades y rara vez coincidimos en la casa. Es triste aceptarlo, pero velocidad de la vida moderna, hasta en lo mas intimo de la familia, está matando las tradiciones”. De improviso, dio media vuelta y se retiró sin despedirse.

El profesor permaneció sentado y la escuchó con plena atención; sin embargo, la corta interrupción no le hizo olvidar su propósito.

Lentamente, con una parsimonia casi ofensiva, abrió su libro y disfrutó largamente cada palabra escrita.

martes, 3 de noviembre de 2009

¿Y tu, por qué escribes?

Será que escribes canciones
para que otros las canten
y las bailen con alegría...

O le pintas la carita de colores
a tus palabras para que, cual payasos,
provoquen la risa.

Podría ser que escribas solo para tí
y escondas bajo la cama tus versos.

Puede ser que invites a soñar
con tu prosa
o que inventes historias
para devorar las horas
llenas de soledad.

¿Escribes fábulas que pretenden enseñar moralejas
o simplemente desahogar tus penas?

Quizá te atrevas a desnudar tu vida
y nos la cuentes o
elabores una máscara para ocultar
tus dolores y vergüenzas

Es posible que lo hagas para
contar tus descubrimientos del
mundo y
simplemente lo quieres
compartir.

Yo no se aún por qué escribo,
ni se si lo hago bien
o mal.

Pero seguro que cuando lo sepa,
lo podrás leer.

viernes, 30 de octubre de 2009

Ultimo momento

No soporto mas, la hora por fin llegó. Mis cansados pies me impiden pensar en un paso mas, ni uno mas. Mis ojos ya no resisten, el cansancio final me hace creer que todas las páginas leídas no han servido para nada mas que acelerar la llegada del final.
Lo que en otro momento me proporcionó felicidad y placer resulta intolerable en este momento. La familia cercana, interesada en compartir un instante mas de mi vida, rodea el lecho en que reposo; con la esperanza arrancarme una postrer caricia o una sonrisa para agregar a sus recuerdos junto a mi.
A mis oídos únicamente llega el sollozo de mi hijo, que la madre, ya al borde de la paciencia, intenta callar con palabra cariñosas.
Mi consciencia es mínima, la razón está a punto de abandonarme, no logró comprender la petición de la hija que no se ha separado de mi lado desde hace muchas horas.
Muchas palabras por decir, sueños pendientes de realizar. Cuentas por pagar y por cobrar, juegan intercambiando lugar entre las columnas del debe y el haber al momento de llegar la conclusión.
Divago y soy incapaz de comprender las palabras de los locutores del noticiero nocturno que llegan a mi como un susurro.
Basta, en mi terminal arrebato de voluntad apago la televisión, saco a todos del cuarto porque quiero dormir.

jueves, 22 de octubre de 2009

No pasó nada...

Gracias a un beso de mi hijo, abrí los ojos muy temprano. Aunque estaba atento porque seguramente algo emocionante habría de pasar durante el día, no me importó invitarlo a recostarse conmigo, un rato mas antes de levantarnos y el aprovechó para contarme una de esas hermosas historias que suele inventar.
Nuestra alegría fue muy grande cuando nuestra perrita saltó sobre nuestras piernas al abrir la puerta del cuarto. Tan solo dos días antes había estado en cama muy desanimada porque estaba enferma.
Fui a despertar a mi hija pequeña para que barriera la suciedad nocturna de la Moly, porque los martes es su turno y me quedé abrazado en la cama con ella, mientras terminaba de despertar. Sabía que algo emocionante, digno de ser contado, sucedería mas tarde; pero de momento no me importó hacerlo esperar.
Una rápida salida a la panadería y una deliciosa taza de café, me despabilaron por completo y me bañé. Terminé de leer un libro muy bueno que había empezado la noche anterior, con mucha alegría por su hermoso contenido.
Intercambié algunos mensajes y leí algunas cosas en la red, pero eso no impidió que disfrutara ver a mi hija grande cuando por fin se levantó. Pensé para mis adentros, al ver el cuadro completo que forman mis tres hijos, sobre lo orgulloso que estoy de ellos.
Llegó la hora del almuerzo y aún no pasaba nada. Miramos un video de nuestra serie favorita, después los grandes jugamos un rato en la computadora y los pequeños salieron a jugar con sus amigos de la cuadra mientras esperábamos que llegara la hora de ir al entreno de karate.
Durante el trayecto al gimnasio temí que nada emocionante ocurriera en ese día y no podría escribir mi ensayo, pero la intensidad del entreno de mis hijos me hizo olvidar el presentimiento.
En el entreno no sucedió nada importante, mi hijo pequeño es un niño muy frágil, aún los niños mas pequeños lo superan en fortaleza física, pero me hizo sentir muy orgulloso su interés por hacer bien las cosas, el empeño que pone para superarse. Sus manitas, sus piecitos, me enternecen al punto del llanto, solo tiene ocho añitos y ya se comporta como todo un hombre, enfrentando sus debilidades y tratando de superarlas.
Mi hija pequeña y la grande se enfrentaron en combate al finalizar la clase. Que tensión, sabía que no se iban a golpear, pero al observar su ágiles movimientos, su mirada atenta al rival y la inteligente estrategia que utilizaban no se como me contuve para no ir corriendo a abrazarlas para demostrarles mi admiración, cariño y respeto.
Al regresar a la casa, mi mejor compadre, que llegó sin previo aviso, ya se había retirado porque nos tardamos mas de lo normal en regresar y creí que con él se había llevado mi última oportunidad de tener tema emocionante para escribir.
En mi día, no pasó nada, lo siento pero no pasó nada. Me digo que no pasó nada y no se porque estoy llorando de felicidad por un día en que no paso absolutamente nada.


La tristeza era la forma y la felicidad, el contenido. La felicidad llenaba el espacio de la tristeza