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martes, 2 de octubre de 2012

Porqué tiendo mi cama

Mi madre siempre insistía en la importancia que tenía cumplir con el ritual de ordenar mi cama al momento de levantarme. Me decía que era mi primera tarea. Hoy, a sus 81 años, es la primera tarea que ella hace, sin falta y también trato de hacerlo así. Es mas, insistía en no sólo estirar los cobertores (chamarras, sábanas y sobrecama), es necesario sacudir todo. Esta afición mía de leer, me llevo a enterarme, que antaño se acostumbraba sacar las sábanas por la mañana a recibir sol. Ahora, cuando dispongo de tiempo, así lo hago y cuando me acuesto resulta muy agradable la forma en que me recibe mi cama.
Cuando era pequeño solía refunfuñar mucho antes de hacer mi tarea matutina porque mi madre nunca se tomó la molestia de explicarme las razones. Y la tarea, filosóficamente hablando, tiene mucho sentido para mi. Resulta que mi propósito final en esta vida es ser feliz. El propósito que elegí racionalmente. Debo entonces procurar por todos los medios a mi alcance, una situación que me permita alcanzar mi meta.
La primera parte de mi plan es establecer las condiciones para que sea posible el logro. Me parece que para poder ser feliz, en primer lugar debo llevar una vida digna y eso es imposible en un medio ambiente donde prive el desorden y la suciedad.
El orden y la limpieza se pueden comprar con dinero, pero también se pueden obtener con un poco de esfuerzo y sentido de amor propio. El orden, entendido como para cada cosa un lugar y cada cosa en su lugar, y la limpieza, en el sentido de ausencia de suciedad y manchas, son requisitos ineludibles para lograr mi propósito de vida.
Y, por eso, tiendo mi cama.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Profecias


No me interesa averiguar cuando, ni donde se le ocurrió al ser humano que era posible responsabilizar a los demás por el bienestar propio.
Mi incomodidad es provocada porque ahora lo normal y correcto es que sea otro el encargado de velar por mis necesidades vitales y lograr mi felicidad.
Basta hojear un periódico para observar como los medios de comunicación le otorgan grandes y privilegiados espacios a esta brillante idea que ostenta el calificativo de "políticamente correcta". Se apoya con grandes titulares la distribución de solidaridad, la firma de convenios entre instituciones para la "redistribución equitativa" de la riqueza y a las muestras de generosidad de gobiernos extranjeros.
Ahora es, también, normal que el tránsito se vea obstruido por demandantes cada vez mas exigentes y poco creativos, pues no ven mas alternativa a la violencia para exigir el cumplimiento de sus peticiones. Ignoran, deliberadamente, que de esa forma se convierten en delincuentes chantajistas.
Me aventuro a pensar que el discurso chantajista de los políticos, poblado de ofrecimientos imposibles de cumplir, parece haber echado raices en el pensamiento popular. Los votantes ahora se ven con la autoridad moral para reclamar derechos sin importar la legitimidad de los mismos.
Lo preocupante es la creciente masa de demandantes. Vale preguntarse que sucedería si todos aceptaramos como correctas esas premisas. TODOS nos dedicaríamos a exigir. Seríamos tantos pidiendo, demandando y exigiendo que hasta nos estorbaríamos y arrebataríamos los unos a los otros. Podríamos llegar al punto extremo en que nadie se ocuparía en producir riqueza, si todos nos afanamos en solo distribuirla.
La riqueza bruta no existe, es decir, que la riqueza no la encontramos en la naturaleza solo para tomarla y disponer de ella. La riqueza se crea con la inteligencia y tesón humanos. Si solo nos dedicamos a distribuirla, terminaremos con este bienestar artificial del que disfrutamos.
¿Será ese el cumplimiento de la profecía del 2012?