Mi madre siempre insistía en la importancia que tenía cumplir con el ritual de ordenar mi cama al momento de levantarme. Me decía que era mi primera tarea. Hoy, a sus 81 años, es la primera tarea que ella hace, sin falta y también trato de hacerlo así. Es mas, insistía en no sólo estirar los cobertores (chamarras, sábanas y sobrecama), es necesario sacudir todo. Esta afición mía de leer, me llevo a enterarme, que antaño se acostumbraba sacar las sábanas por la mañana a recibir sol. Ahora, cuando dispongo de tiempo, así lo hago y cuando me acuesto resulta muy agradable la forma en que me recibe mi cama.
Cuando era pequeño solía refunfuñar mucho antes de hacer mi tarea matutina porque mi madre nunca se tomó la molestia de explicarme las razones. Y la tarea, filosóficamente hablando, tiene mucho sentido para mi. Resulta que mi propósito final en esta vida es ser feliz. El propósito que elegí racionalmente. Debo entonces procurar por todos los medios a mi alcance, una situación que me permita alcanzar mi meta.
La primera parte de mi plan es establecer las condiciones para que sea posible el logro. Me parece que para poder ser feliz, en primer lugar debo llevar una vida digna y eso es imposible en un medio ambiente donde prive el desorden y la suciedad.
El orden y la limpieza se pueden comprar con dinero, pero también se pueden obtener con un poco de esfuerzo y sentido de amor propio. El orden, entendido como para cada cosa un lugar y cada cosa en su lugar, y la limpieza, en el sentido de ausencia de suciedad y manchas, son requisitos ineludibles para lograr mi propósito de vida.
Y, por eso, tiendo mi cama.
Somos lo que hacemos día a día. De modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito. Aristóteles.
Mostrando entradas con la etiqueta sabiduria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sabiduria. Mostrar todas las entradas
martes, 2 de octubre de 2012
martes, 27 de marzo de 2012
Responsabilidad
Ya de regreso a mis habituales actividades en la red me encontré con un simpático articulo que se titula "Usted es pobre porque quiere" y en esencia la idea que presenta es: Afirmar que los pobres lo son porque no han aprendido a hacer riqueza, es lo mismo que decir que los ciegos lo son porque no han aprendido a ver y que a mí me asaltaron porque no he aprendido a evadir la violencia. Un traslado de responsabilidad de lo más cómodo para el agresor.
Algo de la afirmación central del articulo no me parecía correcto y me hizo ruido, pero no supe descifrar el inconveniente hasta hace unos momentos.
Nada mejor que la oración de la serenidad, generalmente atribuida a San Francisco de Asís, para iluminar el análisis del articulo:
Dios, concédeme la serenidad
para aceptar las cosas
que no puedo cambiar,
el valor para cambiar las cosas
que puedo cambiar y
la sabiduría
para conocer la diferencia...
¿Está la violencia bajo mi control? Aunque la respuesta es no, porque puedo buscar la forma de presionar a las autoridades para cumplan con su cometido; de todas formas, en el corto plazo, solo me queda aceptar serenamente la incapacidad de los gobernantes.
¿Está bajo mi control dejar de ser ciego? Definitivamente no, solo debo aceptar con serenidad la naturaleza de mi sentido de la vista.
¿Es mi situación de pobreza natural? Si ¿Es posible cambiar mi pobreza natural por una riqueza artificial? Si, porque otros ya lo han hecho ¿Que necesito para cambiar mi situación de pobreza natural? Sabiduría, para entender que es posible cambiar mi situación y también, sabiduría, para encontrar el camino para resolver mi situación. Además necesito valor para aceptar la responsabilidad de mi vida y valor para enfrentar la realidad con el ánimo de cambiarla.
No podemos retirarle la responsabilidad individual a cada uno sobre su situación en la vida. Aunque también es necesaria la sabiduría para entender la diferencia entre quienes si son capaces y quienes no de responsabilizarse.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

