martes, 6 de septiembre de 2011

El menos común


Es común escuchar la afirmación acerca de que el sentido común es el menos común de los sentidos. La escuchamos en todas partes, en la prédica, en el aula, a los periodistas y a los políticos en campaña. Todos parecen estar de acuerdo en una cosa tan simple y, según afirman, evidente.
Para quienes no entrenan su mente para pensar, para quienes no se educan para entender, esta afirmación puede ser cierta. Pero es bueno aclarar que hasta la mente mejor entrenada se puede equivocar, pero el margen de error es natural y ese no debiera ser disuasivo para intentar usar el criterio propio, ni motivo para denunciar la ausencia de sentido común.
Lo que mas me preocupa es que la afirmación parece encaminada a minar la confianza que tenemos en nuestro criterio personal. Observemos quién la utiliza y cuando. Definitivamente quien rinde su razón ante mandamientos místicos que no admiten cuestionamiento y quien rinde su voluntad para volverse títere de otros, seguramente carece de sentido común porque no entrena su mente para entender la realidad.
Leer, hacer cuentas mentalmente, observar el mundo, preguntar y buscar respuestas son ejercicios que regularmente ayudan a activar ese poderoso musculo. La pregunta vital y obsesiva para una mente entrenada es ¿por qué?. Observar es mirar pensando ¿por qué?. ¿Por qué cae la lluvia? ¿por qué amanece?...
Es obvio concluir que al observar a la naturaleza obtenemos respuestas mas confiables que cuando observamos el comportamiento humano. La naturaleza obedece a reglas claras, inviolables y consistentes, en cambio el ser humano responde a un comportamiento que depende de su voluntad que puede ser cambiante debido al contexto donde toma sus decisiones. Esto es fácil de ilustrar con un sencillo ejemplo: no es lo mismo un vaso de agua pura en el desierto, que en la ciudad o en el mar.
Antes de afirmar la escaces de sentido común sería mejor desafiar a los individuos preguntandoles ¿tienes sentido común? ¿cómo lo lograste o como piensas lograrlo? Recordemos que sin el uso de nuestra mente solo somos un pedazo de carne, igual a cualquier otra res, dispuesto a ser desollado por un carnicero.

2 comentarios:

simon dijo...

Pero porque? porque sos Greko? porque?

Vos Greko y el vaso de agua seria lo mismo en el mar o en el desierto, es diferente en la ciudad o en un rio

Saludos Gran GREKO!!

elultimodepaz dijo...

Greko fijate que me refiero a la valoración que hacemos de un vaso de agua en el desierto, definitivamente es mucho mas valioso que a la par de un rio por la abundancia que hay en el ultimo caso.
Saludos don Fitogreko